ANITA (Barcelona)

Mi hermana chef me recomendó pedir a “Anita”. Le hice caso. En mi cabeza, Anita podía ser una estrella porno o una abuelita haciendo sus helados a mano, batiendo la crema. Elijo creer en la estrella porno.

Una de las noches en Barcelona se me dio quedarme sola en el departamento. Llamé a Anita, y 18 minutos más tarde la tenía en mi puerta. 

Como todo guilty pleasure, si se arma un ritual alrededor de él, aún más placentero es. Medio kilo de Anita (no tienen de menos, punto en contra?) viene en una bolsa hermosa onda las de marcas de lencería caras CARAS, de esas que van a comprar en las películas. Confieso que me calentó un poco eso. Como que te abriga el corazón (y la concha) saber que todavía hay gente que piensa en los detalles, que todavía quedan románticos. Abrir ese delivery fue como desvestir a una chica. Real, tenía un listón de seda rosa que tironeaba hacia el centro los lados de la bolsa de cartón como cuando las rodillas flexionadas se besan. Tiré del listón despacio, fascinada, queriendo meterme todo ese packaging hermoso hasta la garganta. El listón le daba toda la vuelta a la bolsa (como las marcas de lencería caras CARAS), y cuando lo solté, la bolsa me dió paso, como lo dan las rodillas cuando dejan de besarse.
Dentro de la bolsa había una cajita del amor con 3 cucuruchos para mí sola, una bolsita con vasitos de papel y servilletas, y el telgopor. Gracias por todo ese marketing, de verdad que me sentí mimada. Endendí que Anita era más una abuela que una estrella porno, aunque en el mundo del porno, nadie queda exento.

Ya toda cachonda por probar ese helado, ahí parada nomás agarré una cucharita que había dejado sobre la mesa y le entré. Tener la cucharita a mano es como tener el lubricante o el aceite de coco a mano. No es que te ahorre tanto tiempo, pero te da un micro momento de satisfacción inmediata, de agradecimiento a vos mismx por tener ideas provisorias tan brillantes. Me metí una cucharada enorme en la boca, de manera muy atolondrada hasta la garganta, con esa misma voracidad con la que se chupa una pija al principio de una relación. 

Tan duro, tan frío ese helado estaba… brain freeze. Me apuré, me apuré por golosa, como en muchas cosas de mi vida. También me suelo apurar por cachonda. Me calmé, lo apoyé sobre la mesa y me puse a hacer otra cosa. El tiempo justo que tardo en armar y fumarme un porro fue lo que tardó el helado en derretirse al perfectísimo punto para ser servido. Ese punto caramelo, ahí medio derretido por afuera, pero en el centro de cada cucharada todavía queda algo por terminar de derretir en la boca. Meto una y otra vez la cuchara en el pote, a lo chancho, sin poder parar, sintiendo gotas gorda de leche avainillada en la comisura de mi boca. Me meto entre los labios mucho más de lo que debería. Mi reino por sentir en la boca la lechosidad de un helado de vainilla bien hecho. Cuando se hace tan líquida esa bochita de helado que podés sentir el frío y el azúcar mordiéndote los bordes de los sientes. Como un aquario que se rompe, golpeando en todas las esquinas de tu boca, hasta bajar por la garganta tibia. 

Chapando con los ojos cerrados una y otra vez a la cuchara enblanquecida de mi helado favorito, me acuerdo que tengo que escribir un review de lo que tengo entre mi lengua y mi paladar, y empiezo a lamer con un poco más de calma, para entender a Anita con todos mis sentidos. Lleno una cuchara y le paso la lengua, despacio. Es, a priori, demasiado dulce. Yo soy muy golosa, pero de verdad que nadie necesita tanta azúcar. Sigo enroscando mi lengua en la cuchara mientras succiono fuerte dibujando una pequeña “o” con mis labios turgentes. Quiero succionarle hasta la última gota densa de helado derretido que tenga encima y hacerla mía. Tiene una lechosidad divina, espesa, pero que siento hasta me calma la sed. Me dan ganas de dormir y acabar al mismo tiempo. Trago, y el gusto a leche se va amargando de a poco; queda demasiado en garganta y me siento un poco estafada. A nadie le gusta el aftertaste de la leche. Le falta un genuino sabor a vainilla, sabe más a chele que otra cosa. Mucha gente no entiende que, pese a su naturaleza básica, el helado de vainilla también se define por cierta complejidad de aromas, cremosidad, cómo la crema helada se desenvuelve impetuosamente en boca como una acabada. No hay que subestimarla. Ni a la vainilla, ni a la acabada. Ya para el momento cúlmine del foodporn que me había armado, me di cuenta que muy de golpe me sentí muy llena. No llegué ni a abrir los cucuruchos que ya no podía comer más. Me apuro, me apuro, me desenfreno y después me quedo sin probar el cucurucho. Me pasa mucho también cuando miro porno. Me apuro, me entusiasmo y termino antes de la escena más picante. Y así como estaba tan caliente que pensé que me clavaría 7 pajas seguidas y después del primer orgasmo siento que no podría calentarme nunca más en mi vida, miro ese pote gigante que de hambrienta pensé podría destrozar de una sentada, y después de unas cucharadas ya quedé de la panza. Golosa, impaciente, atolondrada, cachonda y tentada. Me dejé llevar por esa primera impresión, comí con los ojos una vez más, y al final era pura facha. Cierro el pote de helado con velocidad y un poco de vergüenza, como cierro después de acabar la página que abrí en modo incógnito. Limpio el enchastre que hice en medio de tanta emoción (pues luna en Tauro), y me doy cuenta que me había chorreado helado en el vestido negro. Ahí arriba de una teta, bien incareteable, poniéndome en evidencia. Decidida e insaciable le pasé un dedo y me lo limpié en el calor de mi boca. Cuando estoy sola hago cosas que no me animo cuando estoy con alguien más. Como comerme un cuarto de helado en un respiro o ser sincera en el buscador de alguna página XXX. Amo tener ese espacio secreto e íntimo conmigo misma. Tengo que reconocer, no acabo (ni como) con nadie como conmigo. Serán los 30s, quizás la maternidad o simplemente un poco de amor propio, pero gozar de unas cucharadas de helado en el silencio de mi propia compañía, sin que nadie me juzgue ni espere algo de mí, hoy por hoy es mi mejor definición de pornografía.

Puntuación oficial:

  • PRESENTACIÓN 5/5
  • VAINILLA 2/5
  • CREMOSIDAD 2/5
  • VOLVERÍA A PASARLE LA LENGUA 2/5

VEREDICTO: 🍦🍦 2/5 CREMITAS

2 respuestas a «ANITA (Barcelona)»

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